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Escucho, no

siento otra vez las pisadas

en el techo

me rehuso a revisar

qué las produce

no vaya a ser la noche última

o un vagabundo decidido

a adueñarse de mi casa

me salen otra vez hormigas por la nariz

no voy a decirle a nadie

porque no quiero que se preocupen

o que lo tomen como excusa

para dejar 

de dejarme

en paz

y que entonces las hormigas

mordiéndome la carne 

siempre enrojecida

por un tumulto de vergüenza

se multipliquen 

dejo que transiten 

que devoren los cadáveres

depositados en la cueva 

esa primera 

que aloja a una diosa

abandonada 

antigua 

como todas esas cosas

sagradas

arrumbadas

apiladas

al fondo alto de la nariz

entre los dos ojos

hormigas.jpg

ahí también 

están los orígenes de los llantos 

y las telarañas

la primera vez

que escuché las pisadas 

pensé 

es la muerte grande

mandorla femenina

desprovista de toda gracia

 

pronto supe que no era así

porque la grande muerte 

se instaló súbitamente

a un lado de mi cama

como si siempre hubiera estado ahí 

y aún así,

con ella ahí

 

bien recta

se escuchaban las pisadas

arriba 

en el techo

o en mi coronilla

quién sabe

a veces siento que la insistencia

el golpe

el ruido

incesante

viene de dentro

quizás del techo de la cueva

donde se alojan las hormigas

como si fuera un derrumbe

que con todas sus dignidades

intactas

te pide permiso 

para pasar

me hago la loca

me entretengo con otras cosas

como el ataque de pánico

que me produce la muerte

instalada

con su disfraz de pájaro

al borde de la cama

en el lado derecho

el lado del padre

según dicen 

quienes dicen cosas 

quienes aún insisten

que las cosas 

se pueden acomodar

que hay sitios adecuados

y sitios inadecuados

para los menesteres 

de la vida

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