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Cuando éramos niños mi hermano se murió. Su muerte me desencajó del mundo y me dejó anhelante de la existencia de un plano más allá del material para garantizar algún día nuestro reencuentro. Años después soñé con mi tatarabuela, la lucidez del sueño me llevó a comenzar una investigación en donde descubrí que ella, Dolores, había sido espiritista.





















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Ahora entiendo que llegó a mi vida como potencia de sabiduría ancestral para juntas desentrañar los nudos energéticos que quedaron irresueltos y silenciados en el linaje familiar. Siendo el duelo de la pérdida de un hijo, (le pasó a Dolores, le pasó a mi abuela, le paso a mi mamá) un nudo principal. Y el espiritismo, el movimiento de inflexión ante el duelo, para encontrarles el alma.


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