



Los hilos me han llevado por senderos de conocimiento maravillosos:
Ser gesto, volver al cuerpo, la repetición y el trance. Volcarse sobre un saber intuido que habita el vientre y la sangre. Danzar con las propias manos la sabiduría del orígen y de la unión, conectar con el primer filamento. Habilitar el tacto y nombrar mi tiempo y espacio como sagrados. Lo cual, bajo imperantes capitalistas considero silenciosa y profundamente revolucionario.
El acto del bordado que es un ir y venir enseña sobre procesos de maduración y sus ciclos: Indagar curiosa en los propios laberintos, entrar al silencio ordenando los miedos, los deseos, las censuras. Y desde el misterio interior que es basto, escuchar y valorizar la propia voz, íntima, rítmica, antigua: una potencia llena de certezas sobre la esencia y lo inefable.