
Trance y Tregua explora la metafísica del acto fotográfico a través de una de las tantas formas de magia: la comunicación con los ancestros.
La figura ancestral guía es Dolores, mi tatarabuela, mujer espiritista que me ha enseñado a habitar un estado mítico y mágico en donde la fotografía deja de ser mera representación para convertirse en un cuerpo híbrido de mediación y mediumnidad oracular, un segundo cuerpo cargado de conocimiento, con el cual transito la casa psicológica heredada de mis abuelas. La imagen se convierte en un medio para activar memorias y fuerzas ancestrales, desafiar los límites de lo socialmente permitido y para acuerpar la rabia y sobre todo la rebeldía femenina.
El espiritismo del siglo XIX fue uno de los catalizadores de la primera ola feminista y sufragista. Estas y otras formas de conocimiento alternativo han sido demonizadas por apartarse de la racionalidad normativa y desafiar las estructuras establecidas al ser llamamientos a la libertad: libertad de pensamiento, libertad de acción, libertad relacional, libertad corporal. Este proyecto reivindica la magia y el trance como formas de resistencia frente al desencantamiento programado de un sistema capitalista que extrae, disciplina y esclaviza nuestros cuerpos y fuerzas vitales. Traer estas formas de conocimiento al presente se convierte en una práctica de reencantamiento: un retorno a lo sagrado, al deseo, a la autonomía y a la libertad.
