top of page
La muertecita
al principio solo sombra
con sus garras de gato
me colocaba sacrificios
debajo de la cama
cuando se sentía sanguinaria
los dejaba en la almohada
más cerquita de mi boca,
para hacerme despabilar
cucarachas decapitadas
pájaros desprovistos de alas
como ella

una serpiente
que aún partida en tres
sobre un charco de abundante
sangre
de monte
sangre de apetito
de rata y crías
seguía serpenteando
como si no fuese
como si no pudiese
nunca morir
la muerte se reía
escuché sus carcajadas sordas
como un eco que aún palpita
en la caracola de mis oídos
bottom of page